miércoles, febrero 04, 2009

Presidenciales y gestión del futuro.Herctor Casanueva


El futuro será uno de los temas centrales de la campaña presidencial. Pero, ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos al futuro? Tiempo atrás el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti señalaba una paradoja, diciendo: "El futuro no es lo que era". Poco después, Felipe González, ex presidente del Gobierno español, escribió un libro con ese título. ¿A qué se referían ambos? A que en los nuevos tiempos, especialmente después de la caída del Muro de Berlín y de los socialismos reales en Europa, de la irrupción de Internet y la globalización de los mercados financieros, se acabaron las certezas respecto del presente y con mayor razón aún, del futuro.
Predecir, e incluso provocar, los acontecimientos futuros con un razonable margen de probabilidad, basados en el estudio de las tendencias y mediante la planificación, era en cierto modo algo posible. Y lo que no surgía de allí, se abordaba en el terreno de la ciencia ficción, como es el caso, entre muchos otros, de las premonitoras novelas de Isaac Asimov. A la luz de la realidad del nuevo milenio, pareciera que quienes han acertado más en predecir acontecimientos del futuro han sido, paradójicamente, los autores de ciencia ficción.Ello se explica por la diferencia que hay entre la planificación, que necesariamente alcanza al corto plazo, y la prospectiva, que es imaginativa y de largo plazo. En efecto, la planificación es una técnica que se sitúa en el presente para construir el futuro. La prospectiva, en cambio, se sitúa en el futuro para construir el presente. ¿Es este un juego de palabras? De ningún modo. De lo que se trata es que mediante la prospectiva es posible imaginar escenarios futuros mediante una combinación entre lo inevitable, lo posible y lo deseable, y volver a mirar el presente desde esos escenarios, para tomar las decisiones políticas que conduzcan a ellos.
Según el Instituto de Prospectiva Estratégica, se trata de tener una visión global, sistémica, dinámica y abierta, que explique los posibles futuros, no sólo por los datos del pasado, sino fundamentalmente teniendo en cuenta las evoluciones de las variables (cuantitativas y sobretodo cualitativas), así como los comportamientos de los actores implicados, de manera de reducir la incertidumbre, iluminar la acción presente y aportar mecanismos que conduzcan al futuro aceptable, conveniente o deseado.
Una mirada como esta cambia completamente el eje de un programa de gobierno, pues la diferencia está en que, con un enfoque tradicional sólo se administrará la coyuntura para producir efectos, necesariamente de corto plazo, y con este otro las políticas se orientan a gestionar el futuro que muestran los escenarios construidos, con horizontes de veinte, treinta o más años, como hace el parlamento de Finlandia con su "Comisión del Futuro", o la propia Unión Europea con la comisión de Europa 2020.
Veamos esto con un ejemplo hasta cierto punto dramático pero completamente real: la síntesis entre tecnología, genética, biología e informática tiene la potencialidad para transformar a la especie humana en el largo plazo. Se trata del "transhumanismo", llamado también "la cuarta ola" (las tres anteriores, según Toffler, son la revolución agrícola, la industrial y la actual sociedad del conocimiento), que significa que la evolución deja de estar en manos de una lenta progresión biológica, para pasar a una veloz evolución tecnológica de la especie y de su entorno, potenciando la capacidad cerebral mediante chips, la fuerza física mediante prótesis ad-hoc, bebés a la carta, expectativas de vida superiores a los 120 años, nuevas formas de energía y de producción, inteligencia artificial, mundos virtuales superpuestos, Web 17.0, etc.
¿Cómo no estudiar un escenario de futuro a partir de esta realidad posible y hasta cierto punto ya cercana, para determinar lo inevitable y lo deseable, y construir un programa de gobierno consecuente con ello? Porque la educación, las políticas previsionales, el empleo, los medios de producción, la demanda energética, la salud, la defensa, y el conjunto de temas que forman el rol del Estado y la acción de gobierno serán diferentes si se tiene o no en cuenta este escenario. Quien, aunque se revista de mucha retórica, ofrezca administrar la coyuntura para construir el futuro, sólo estará aportando al continuismo, sus alcances como gobierno serán limitados y nos pondrá al margen de la gestión de la cuarta ola, pero sufriremos sus consecuencias. Quien haciendo pedagogía política, sea capaz de mostrar a la ciudadanía ese escenario de futuro y situarse en él, para a partir de ahí proponer un programa de gobierno, representará verdaderamente el cambio que Chile necesita para situarse en la ola del Siglo XXI.
*Héctor Casanueva es representante en Chile del Informe "State of the Future, Millennium Project, de la World Federation of The United Nations Association".
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