sábado, abril 18, 2009

Mal momento y mal candidato. ¡Qué hemos hecho para merecer esto! . Victor Maldonado


En términos de la tendencia electoral, la derecha está entrando en un escenario altamente inconfortable. La distancia entre su candidato y el de la Concertación se ha ido estrechando en todas las últimas encuestas conocidas.
Pero lo peor es la causa de este acortamiento de la ventaja inicial que tenía Piñera sobre cualquier oponente. Se acorta por pérdida de apoyo al candidato de RN y no, aún, por el acortamiento de la distancia de Frei.
Es un problema difícil de tratar. Más si se lo compara con la evolución del candidato de la Concertación. En el oficialismo la situación es sencilla: hay desorden y bajan las opciones; hay mayor unidad y se crece en las encuestas. De igual modo, cuando van quedando menos candidatos, suben las adhesiones al abanderado de la centroizquierda; si reaparece la competencia, el mismo apoyo que ya se tenía se reparte de otra forma entre los aspirantes, pero en conjunto no se gana terreno.
Por si alguien duda sobre cómo operan las cosas, puede ver la evolución del apoyo al Gobierno. Cuando se cometen errores, falta unidad política, aumentan los conflictos mal llevados, todo se expresa en las encuestas. Al contrario, cuando se evidencian las muestras de liderazgo presidencial, mejora la coordinación política, se enfrentan los principales problemas, entonces (¡cómo iba a ser de otra forma!) el Gobierno es reconocido por los ciudadanos.
De manera que tanto el Gobierno como la Concertación pueden pensar muchas cosas respecto de cómo son evaluados por la opinión pública. Pero, con una mano en el corazón, se ha de reconocer que siempre se cosecha lo que se siembra. Nadie en el oficialismo ha dicho jamás que los ciudadanos son "injustos" con la Concertación.
Por eso en la centroizquierda no tienen mucha cabida los populismos o las apuestas a los cambios fortuitos. Si alguien pregunta en este lado de la cancha cómo piensan ganar la elección presidencial, siempre se les dirá que trabajando mucho, cometiendo pocos errores y haciendo buena política. Pero, ¿se puede decir lo mismo de la derecha? El problema es que aquí las cosas no se ven tan claras.
De error en error hasta la victoria final

Piñera ha seguido haciendo más o menos lo que le hemos conocido. Es el tipo de conducta que ha realizado mientras las encuestas lo empinaban al primer lugar, tan bien posicionado que ya se daba el resultado por conocido y la carrera por corrida.
He aquí que los efectos ya no son los mismos. Piñera pierde apoyo y se evidencia una caída en la apreciación de atributos positivos. En una reciente encuesta de un matutino del que la derecha no pueda abrigar sospechas, se encuentra que el candidato de la Concertación recibe mejor aprobación respecto de quién "tiene valores más sólidos", "proyecta mayor autoridad" y "es más respetado por los chilenos".
Algo falla, pero ¿qué puede ser? No hay una respuesta convincente de los estrategas del sector y esto hace que el futuro se mire cada vez con mayor inseguridad.
No se aprecian razones para esperar que, así como nadie parece saber por qué las cosas han empeorado, esto empiece a mejorar del mismo modo misterioso, ahora en sentido contrario.
Los datos no van en esa dirección. Desde ahora, la Concertación tiene un solo nombre, empieza el trabajo lento pero importante de confluir en un solo comando. Está claro que los temas puestos por Frei han incomodado a Piñera.
Del lanzamiento de la campaña, se puede esperar un mayor estrechamiento de la competencia, algo distinto de lo que hemos visto por muchos meses. La derecha parecía preparada para un Gobierno declinante, de timón inseguro y que se perdería entre la indiferencia ciudadana. No esperaba nada bueno, ni menos determinante en los resultados. Pero no es lo que se aprecia. Al menos no es lo que opina la gente. El Gobierno es el actor decisivo en el manejo de la crisis, la líder mejor evaluada y reconocida es Bachelet, el desempeño del equipo de primera línea es cada vez mejor.
El fin, el Gobierno importa y mucho.Todo mejorará, menos el candidato
En la derecha ya se tiene definido un curso de acción para desequilibrar la balanza. La apuesta es mostrar a la Alianza como un grupo en expansión hacia el centro, que recoge de todo y que no tiene conflictos internos importantes. Hasta el nombre variará.
Pero esto tiene un problema importante: es una operación y se circunscribe al ámbito exclusivamente político. Supone una incorporación indolora de los nuevos integrantes, quienes sólo traerían más apoyo y ninguna dificultad. Pero esperar algo así es bastante ingenuo.
Se espera golpear al oficialismo con el impacto propio del cambio de bando de personalidades antes bien conocidas como de sus filas. Pero no debería esperarse mucho de esto. Si se puede considerar un golpe, habría que decir que ya hace mucho que fue asimilado. Quienes han salido de la Concertación ya pueden ser distinguidos y tienen que responder por su presente, sin representar lo que fueron en el pasado.
La otra línea de conducta se refiere al Gobierno; está claro que la derecha desea que Bachelet y sus colaboradores se inmiscuyan lo menos posible en este período de competencia.
A la Alianza le convendría una administración inmovilizada. Pero ha sido notificada de que no es esto lo que puede esperar. El Gobierno no puede detenerse a la sola voz de "intervencionismo electoral".
Gobernar a toda capacidad es lo que se exige al Ejecutivo en medio de una crisis. Y eso implica decidir, implementar, hacerse presente en terreno, acelerar el tranco y responder a consultas y críticas. Nada de esto variará en el futuro previsible.
De modo que lo que habría que mejorar es el desempeño de Piñera y, hasta ahora, este aspecto ha sido ámbito de preocupación. El episodio de su expulsión del velorio de una víctima de la delincuencia fue simplemente bochornoso. Aunque se ha hecho el parangón con un emplazamiento hecho a Frei en Peñalolén, la diferencia es central: mientras lo vienen a buscar para ponerlo en dificultades, Piñera va a meterse en dificultades solo, sin que nadie lo llame.
Quizá si el problema del empresario-candidato sea lo que había sido considerado virtud. Se ha mantenido haciendo lo mismo, cuando muchos datos de la realidad han estado variando a ojos vista.
Quizá tampoco se diga, pero lo que parece esperarse en la oposición es que el oficialismo caiga en alguno de todos los grandes problemas que se deben enfrentar en este período: aumento de la conflictividad social, recrudecimiento de la conflictividad política e impacto pleno de la crisis económica.
En verdad vienen tiempos difíciles. Las mayores movilizaciones están por venir, incluyendo el resultado de paros nacionales; en el área política importará sobremanera que se compatibilice el interés por la competencia parlamentaria y la presidencial, y será muy fácil excederse en la búsqueda de intereses particulares por sobre tareas comunes; la crisis económica ha comenzado, pero no sabemos aún su evolución.
Nada pesa tanto como los errores de Piñera. El mejor candidato es el que puede rebasar 50% de las preferencias. El malo es el que casi podría superar la mitad de las preferencias, se estanca antes y no lo puede cambiar ni mejorar; es el que deja a su sector atrapado, expectante y, al final, frustrado; es el que, a medida que más se mueve, más errores comete. Creo que en la derecha se han topado con uno de ellos.
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