miércoles, mayo 02, 2012

"No queremos ser colonia de nadie". Andres Rojo.


    Hace bien cambiar las perspectivas de vez en cuando porque permite ver cuáles ideas se sustentan en la realidad y cuáles sí corresponden a un análisis objetivo y desapasionado de las cosas.
            Por estos días me encuentro en España y una de las primeras cosas que me llama la atención en un muro de la carretera es el rayado que uso como titulo.   Me explican que el reclamo se refiere a las demandas de las provincias por administrar sus propios recursos, frente a la intención de Madrid de recortar gastos por la crisis económica.   Es el mismo reclamo de cualquier país medianamente centralizado.
            Nada nuevo bajo el sol.   Es lo mismo que sucede en Chile.    Si se trata de restringir presupuestos, se afecta primero a quienes se encuentran más lejos del poder central, sea geográfica o políticamente porque la postergación puede depender de muchos factores que, en definitiva, se refieren a la capacidad de que el gobierno imponga sus políticas sin resistencia.

            Lo que resulta llamativo de esta situación es que se produce en los días inmediatamente posteriores a la polémica generada por la decisión de Argentina de expropiar la participación de capitales españoles en YPF.   Todo depende de cómo se mire.    A los latinoamericanos nos gusta culpar a las naciones del mundo desarrollado de nuestras limitaciones, pero eso se dificulta cuando uno ve que ellos tienen sus propios problemas.   Los españoles ven con admiración nuestros indicadores económicos, como nuestros índices de desempleo, pero muchos latinoamericanos siguen viendo a Europa -con un desempleo tres veces mayor al chileno- como una tierra de oportunidades, aunque al mismo tiempo se le endose la culpa de la falta de control respecto a nuestras riquezas naturales.
            No parece exacto culpar a España de lo ocurrido con YPF, generalizando en todo un país, y posiblemente tampoco sería justo responsabilizar de manera exclusiva a Madrid.    Tal vez lo más apropiado sería hablar de un grupo de poquísimas personas  que no tienen siquiera una nacionalidad determinada pero las teorías conspirativas no han demostrado hasta ahora tener mayores fundamentos en la realidad.
            Al final, lo que queda entonces es que la responsabilidad recae en quienes permiten que el poder les usurpe sus derechos o imponga condiciones desequilibradas.   Millones contra unos pocos.   Puestas así las cosas, parece increíble que no se pueda cambiar el mundo.   Ya hemos acumulado suficiente experiencia para saber que todo es posible, cuando las cosas se hacen bien, cuando las voluntades se suman en vez de restar y se dejan de lado las pasiones que nublan la razón.