jueves, junio 23, 2011

¡Es el miedo!. Myriam Verdugo.

En los últimos días hemos leído y oído una gran cantidad de declaraciones de representantes de los partidos políticos que integran la Concertación de Partidos por la Democracia, defendiendo la vigencia del conglomerado político y trabajando como si nada pasara (Adimark incluida), en una “negociación” respecto a la cantidad de candidatos a alcaldes que cada partido tendría y la existencia de una o más listas de candidatos a concejales.


Frenéticamente se reúnen los encargados, diseñan largas cartas Gantt, definen hitos y plazos.
Al fondo, como ignorado telón, se leen y escuchan las voces de los que tienen su oreja más pegada al sentir de la gente, cuestionando tanto la vigencia de la coalición, como el accionar de los políticos en general; esos que prefieren reunirse a almorzar y escuchar sus propios ecos, en lugar de buscar formas de acercarse a las personas y sus necesidades, sueños, frustraciones y esperanzas.

¿Qué los une en ese incesante ir y venir de reuniones, confección de declaraciones y convocatorias a conferencias de prensa, orientadas a preservar a trocha y mocha la manoseada Concertación? Los une el miedo, el miedo a perderlo todo. Ya perdieron la administración del poder ejecutivo, y, sin ese recipiente que los contiene y que les asegura seguir administrando casi la mitad del poder legislativo podrían poner en peligro incluso este bastión. Así es, porque incluso bajando aún más la votación, tienen un “colchón” de más o menos 17 puntos para seguir asegurando la mitad del parlamento.

Miedo, esa es la palabra que rige su acción hoy. Y por eso parecen tener anteojeras, y no poder ver que la gente no quiere más con ellos, que los desprecia, que si siguen saliendo electos es porque no hay opción debido al binominal, eso hasta que el cansancio, el aburrimiento haga que el torrente se desborde.

Hoy solidarizan con los jóvenes que protestan, pero, seamos sinceros, el sistema se consolidó y legitimó en los últimos veintitantos años. Crecieron las universidades privadas como callampas, se redujo al mínimo posible el aporte a las Ues estatales, no se vigiló con celo la calidad de la enseñanza, se hicieron los lesos con el lucro, dejaron botada la enseñanza básica y media y mantienen a los municipios ahogados con un sistema que tiene un financiamiento perverso. La monserga dice que de diez estudiantes universitarios, siete son primera generación ¿pero, cuántos egresan, cuántos desertan, cuántos trabajan en lo que estudiaron, cuántos tienen ingresos decentes, cuántos lograron sacarse la mochila de la deuda? Mejor ni tratar de contestar.

Respecto a otros temas, las mismas o peores deudas. En medio ambiente se ha dejado a las mineras hacer y deshacer, partiendo por Codelco; se carbonizó la matriz energética y en 2020 seremos el segundo país más contaminador del continente; se destruye lo poco que de prístino queda en el país; se privatizó el agua, etc., etc., etc.

En lo social, el mundo político sólo acumula deudas con los trabajadores. Los empleados públicos siguen sin una modernización del sistema que les rige y se mantiene a más del 50% de los trabajadores a contrata u honorarios, esto quiere decir que pueden ser despedidos de un día para otro sin indemnización ni seguro de cesantía. ¿Por qué no sincerar el sistema, legislar, permitir la negociación colectiva reglada? ¿Y los privados? A la deriva, a la suerte del empleador, y vaya que cuesta tener suerte para tener un empleador decente. Aún más, ha sido ahora cuando se consagró la externalización de servicios como la forma de aumentar las utilidades dejando a los trabajadores en la indefensión. Salarios bajos, condiciones de seguridad casi inexistentes, persecución a los intentos de organización sindical y una larga lista de abusos.

Salud es otro tema. Dejó de ser un derecho para transformarse en una mercancía más del mercado. Los bancos, financieras y el comercio (los arribistas dale con llamarlo retail) abusan de forma descarada y el caso la Polar es sólo la guinda de una torta amarga para millones de chilenos.

Y como el miedo suele paralizar, “la clase política” sigue diseñando el modelo que le permita en el próximo proceso eleccionario salvar su presencia en la vida política nacional. Se les olvida que sólo poco más del 50 por ciento de los chilenos votan, y que ese porcentaje está prácticamente dividido en parte iguales. Por lo tanto, el que hoy dice tener un 14% de los votos, puede rapidito comenzar a dividir por dos. Esa es la magra y dura realidad, sin embargo pretenden seguir como si nada, aferrados a un binominal que les permite seguir administrando la mitad del poder legislativo. Siguen sin mirar el movimiento ciudadano que cada día crece, y
menos se atreven a ir a alguna marcha.

La sociedad como no ve coherencia entre lo que esta “clase política” dice y lo que hace, busca la forma de hacerse oír, ver, y de remecerlos, pero hasta el momento no se ve voluntad de abrir espacios a la participación real de la gente. Es que cuando el miedo domina, los márgenes de acción se reducen y la racionalidad deja paso al primitivo instinto de sobrevivencia. ¿Hasta cuándo?

2 Comments:

Anonymous any said...

Al leerla este pensamiento de la Sra Verdugo, que estubo casada con el mas grande DC de los ultimos 25 años, Manuel Busto. Es alguien que mira el mundo de los politicos con despresio. Esta candidata a diputada fue la peor que a dado la Dc a la florida y saco un muy poca votacion. Su lenguaje es igual al del meo. Lo peor de los politicos es que miran con despresio a los otros politicos, que estan tratando de salvar la consertacion (que talvez ya murio) porque ellos no son los elegidos. ya debieran hablar menos y actuar mas.

25 junio, 2011 17:37  
Blogger Carlos Anriquez said...

Parece estar perfilándose un nuevo cuadro político en nuestro país, nada promisorio para la estabilidad del sistema . Ya en las presidenciales de 2009 - esto es, en la primera vuelta - un candidato con muy pocas ideas y mucho menos carisma, obtuvo un 20% de la votación y redujo el voto concertacionista a 29%, el más bajo logrado por la Concertación en las presidenciales desde 1989. Simultaneamente, el rechazo a las coaliciones políticas crece a niveles nunca observados en el período democrático. Los datos de la encuesta Adimark de Mayo son muy demostrativos de estas tendencias.
Grandes concentraciones públicas que se manifiestan en torno a temas de la agenda pública dejando al margen a los partidos son la tónica del año político 2011, agregando una variable poco predecible. Los temas son variados y nada tienen que ver unos con otros: rechazo al proyecto HidroAysen, mejor trato a las universidades públicas, mejoras en la educación media, cambios en el modelo educativo presente y, por último, igualdad para la comunidad homosexual, especialmente en el tema del matrimonio homosexual. Los dos últimos son temas que se han tratado de algún modo en la agenda legislativa, con distinta suerte. Mientras la Ley General de Educación reemplazó a la LOCE perfilando importantes exigencias con miras a la calidad educativa, la ley 20.501 se focaliza en el esfuerzo por mejorar la educación pública. El tema del matrimonio homosexual - un tema netamente valórico - no ha estado en la discusión legislativa, salvo muy tenuemente en el proyecto de Acuerdo de Vida en Común.
Es evidente que la agenda pública se ha llenado de temas sobre los cuales los partidos y coaliciones han dicho al menos muy poco, y lo que han dicho no ha dejado satisfecha a la gente. Es cierto que la agenda legislativa se conforma por decisiones del Ejecutivo, sin embargo eso no significa que las fuerzas políticas no se puedan pronunciar respecto de los temas que interesan a la gente. Pero no lo hacen.
Esta tendencia a la movilización ciudadana al margen de los partidos y las coaliciones, significa un elemento de cambio. El diseño del sistema político, especialmente el electoral y de partidos, muestra una estructura sorda a las demandas ciudadanas, incapaces de convocar, encerradas en una política de acuerdos cupulares y ajenas a las movilizaciones ciudadanas. Lo que está claro es que los grandes temas que se discutan en la opinión pública no surgiran de los partidos sino de movimientos caracterizados por su permeabilidad con la gente y sus necesidades, especialmente de la nueva clase media, que exige consideración con sus problemas. En estos movimientos no están los grupos marginados: trabajadores independientes, temporeros y otros.
Por otra parte, el rechazo a los conglomerados políticos actuales - 65% la Concertación y 57% la Coalición - dejan un amplio campo abierto para la aparición de una tercera fuerza que podría cambiar drásticamente el sistema político chileno.
Si las elecciones fueran hoy, probablemente un tercer candidato dejaría fuera a la Concertación e iría a una segunda vuelta con la Alianza. Probablemente tambien en las parlamentarias las coaliciones actuales tendrían mejores resultados y la 3° fuerza resultarían derrotada por el binominal en muchos distritos, producto de las máquinas partidarias centradas en caudillos locales, con lo que se conformaría un presidente con un parlamento de tres tercios.
Un diseño que nadie tiene considerado ni está preparado para manejar.

29 junio, 2011 21:10  

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