jueves, agosto 19, 2010

¿Libertad o descriterio?. Mariana Aylwin


EN LOS ULTIMOS DIAS se han conocido: un instructivo de una gobernación que prohíbe a las mujeres ir con minifalda y brazos descubiertos a trabajar; una cartilla del Sernam que recomienda a los jóvenes postergar su vida sexual hasta el matrimonio, y el retiro de una Enciclopedia del Sexo subida a internet por la red Enlaces por parte del Ministerio de Educación.

Parece justificable meter esta seguidilla de hechos en el saco del conservadurismo de las nuevas autoridades, más aún cuando las iniciativas en materia de educación sexual implementadas durante los gobiernos anteriores generaron un ruidoso rechazo de quienes ahora están en el gobierno. Sólo recordemos el revuelo que significaron las famosas Jocas -Jornadas de Conversación Acerca de la Sexualidad-, que no eran más que una metodología para abrir un diálogo en las propias comunidades educativas.
Lo cierto es que en el ámbito de la sexualidad y de los llamados "temas valóricos", el debate público está plagado de prejuicios y se reduce a los defensores de la moral y las buenas costumbres, versus los partidarios de la libertad. Sin embargo, hay un elemento que, al parecer, se nos está escapando de esta discusión y es el del criterio con el cual se toman las decisiones, porque lo que tienen en común todos los casos que han salido a la luz en las últimas semanas es fundamentalmente el "descriterio".
Estoy segura de que quienes han tenido ocasión de ver la Enciclopedia del Sexo podrán concordar que se trata de un material sin rigor científico, que contiene información que de seguro puede encontrarse en cualquier sitio web medio pornográfico y, lo que es más grave, que incluye apreciaciones complicadas, como la que relativiza el daño de la pedofilia, lo que atribuye a la moral más rígida del mundo anglosajón. Recordemos que la pedofilia es un delito, además de un grave abuso de poder.
En este caso, el problema no es que el texto sea de baja calidad ni que los juicios sean inapropiados para la tarea educativa, porque puede ser un tema debatible. El tema es el hecho de que ese texto -con estos problemas- es avalado por la autoridad educacional -el Ministerio de Educación-, lo cual le otorga un valor más allá de sí mismo. Cuesta entender cómo fallaron los filtros internos para que el ministerio lo haya respaldado. Y si bien cuesta también imaginar a un docente haciendo uso de este material para responder las inquietudes sexuales de sus estudiantes, el ministerio le está facilitando una opción inútil para su cometido, que es resolver su necesidad de orientación para un tema tan difícil de abordar por las dimensiones que envuelve.
Finalmente, aquí no se trata de discutir acerca del rol del Estado respecto de áreas que tienen que ver con la vida íntima de las personas, como la sexualidad. Es mucho más sencillo. Un Ministerio de Educación puede y debe entregar apoyo a la formación de los estudiantes; lo que no puede es hacerlo como si fuera cualquier institución y con la liviandad con que ocurrió en este caso. Menos mal que es una excepción. Por eso, el retiro de la enciclopedia no afecta la libertad, sino más bien se hace cargo de una falta de criterio. La Tercera.