jueves, mayo 27, 2010

Andres Aylwin Hijo Ilustre Comuna de San Bernard o. at. German Venegas

DISCURSO DE DON ANDRÉS AYLWIN
Agradezco profundamente a Ia Alcaldesa de San Bernardo Sra. Nora Cuevas y al Consejo Municipal el alto honor que se me ha conferido al otorgárseme Ia calidad de Hijo Ilustre de esta ciudad. Ello es muy importante para mí cuando ya no ocupo cargo alguno y carezco de todo poder. También agradezco a Ia ex— Alcaldesa Orfelina Bustos y al Consejo Municipal de su tiempo que son parte en el otorgamiento de esta distinción..........Empiezo expresando que siento presentes vivamente en este momento a mis padres y siento que ellos y mis hermanos Patricio, Carmen, Arturo y Tomas son parte fundamental y comparten esta distinción pues todos ellos han sembrado las semillas y contribuido a echar las profundas raíces que unen a mi familia con San Bernardo.

También comparto esta distinción, muy especialmente con Mónica, quien siendo absolutamente ajena a esta ciudad hasta 1954 llego a ser conocida y querida hasta en los Últimos rincones de esta Comuna. Sin todos ellos, mas mis hijos, jamás habría podido disfrutar de IA honrosa distinción que hoy se me confiere. Hago una especial mención a mi hermana Carmen que sigue viviendo en esta ciudad dando un autentico testimonio cristiano.

Agradezco también a miles de sambernardinos, que con sus palabras y su infinita bondad han contribuido a formar una imagen exageradamente bondadosa de ml.

Debo aclarar que no nací en San Bernardo pero los primeros recuerdos de mi infancia se ligan a esta ciudad: sus árboles enormes, Ia Maestranza de Ferrocarriles, eI Cerro Chena desde cuya cumbre vela claramente el mar posiblemente con Ia imaginación mi madre gozando con las fiestas de Ia vieja quinta familiar; mi padre caminando hasta la plaza de la comuna para tomar el carro eléctrico rumbo hacia Ia Corte de Apelaciones. En verdad no tengo ningún recuerdo infantil de otro lugar físico que no sea de San Bernardo y por eso siempre he dicho que soy sambernardino. Sin embargo, pienso que solo hoy legalizo adecuadamente mis papeles. Dejo de ser indocumentado. Puedo decir orgulloso sin que nadie pueda desmentirme “soy sambernardino”. Claro que no diré que soy sambernardino “ilustre” pues claramente ello constituye una exageración... ‘y, además, pensarían que estoy aun más viejo de lo que soy.

Aclaro que el Único Aylwin Azocar que tuvo el “honor” de nacer en San Bernardo fue Tomas. Sin embargo, al momento de nacer se nos dijo a Arturo y a mí que una cigüeña lo había traído desde Paris. Sin embargo, nos extraño que poco antes hubiera Ilegado a nuestra casa el doctor Luis Sepúlveda y una matrona con un maletín mas grande que ella. En verdad en ese tiempo los niños éramos tontones pero nunca tanto.

Hago presente que constituye una gran satisfacción para mi que se me otorgue esta distinción conjuntamente con mi estimado amigo Luis Navarro Aviles. Lo conocí desde mi niñez y he constatado reiteradamente su amor por esta ciudad y su espíritu de superación. Siendo menor que yo fue sin embargo mi instructor y el de Arturo cuando hicimos el servicio militar en Ia Escuela de Infantería. Después lo vi como regidor y alcalde impresionándome siempre por su carisma, su capacidad para realizar obras de adelanto y el enorme cariño de una impresionante multitud de amigos. Siempre sirvió a Ia gente y a Ia Comuna sin Límites de tiempo y sin sectarismos. Sinceras felicitaciones a mi estimado amigo e instructor de parte de su conscripto porro que egreso de sargento segundo de reserva mientras mi hermano Arturo lo hacia orgulloso de teniente primero.

Relato aquí una anécdota cuando en el año 1996 se debatieron en Ia Cámara de Diputados materias relacionadas con las Fuerzas Armadas yo era el único entre 120 diputados que había hecho el servicio militar.
Volviendo a nuestra vida en San Bernardo destaco que hice todos mis “preparatorias” y “humanidades” en el Liceo de Hombres de esta ciudad, casi igual que mis hermanos hombres. Estoy conciente que estos términos, “preparatorias” y “humanidades”, revelan claramente mi edad y provocarán algunas risitas entre los más jóvenes. En este Liceo convivíamos fraternalmente hijos de empleados públicos o particulares; de obreros industriales, trabajadores agrícolas o profesionales universitarios; de civiles, militares o carabineros estudiantes de distintas religiones. Allí aprendí que todas las personas somos iguales; que Ia bondad, Ia inteligencia o Ia verdad no son patrimonio exclusivo de ningún grupo, partido o sector sino de todo ser humano. De allí también, de ese mundo juvenil fraterno, surgían los mas hermosos sueños o utopías que hacían visualizar un mundo más igualitario y feliz por el cual era importante luchar como opción de vida. El propio himno del Liceo nos instaba a ser semilla de un mundo mejor. Añoro esa convivencia humana y solidaria que surgía desde Ia misma educación. Desgraciadamente esa realidad fue sustituida después por ciudades y sistemas educacionales estratificados donde los sectores más pudientes de Ia sociedad desconocen e ignoran absolutamente las dramáticas realidades sociales y los sufrimientos que afectan a las mayorías pobres y a una de clase media de nuestra sociedad. Son mundos absolutamente separados y, por, incomunicados entre si. Es un problema social y ético que no podemos dejar de enfrentar como sociedad.

Terminados mis estudios básicos y medios pude conocer al igual que mis hermanos -incentivados especialmente por Patricio- Ia realidad social de San Bernardo y especialmente Ia existencia de múltiples organizaciones culturales, sindicales, deportivas o de asistencia mutua. Ese conocimiento se fue extendiendo a otros lugares del Ilamado en ese tiempo Cuarto Distrito. En todas partes surgían sindicatos campesinos, proyectos de auto-construcción, cooperativas de ahorro o producción, organizaciones vecinales que se sumaban a fortalecidos sindicatos industriales y a otras organizaciones.
Aclaro que a todas las obras de adelanto que yo pude realizar, Ia más importante pienso fue el Liceo Industrial, contaron siempre con eI patrocinio y apoyo de Ia comunidad organizada. Lo mismo se puede decir con las obras promovidas por mi hermano Patricio cuando fue Presidente.

Desgraciadamente toda esa importante red social se ha debilitado por razones que no es caso analizar aquí. Lo cierto es que en días recientes al ver en Ia televisión los vergonzosos desmanes que se produjeron a horas del terremoto no pude dejar de pensar que ellos jamás se habrían podido producir en una sociedad donde los lazos comunitarios son sólidos; donde el “nosotros” es más importante que el “yo”, donde Ia solidaridad tiene mas fuerza que Ia competencia, donde los liderazgos que viven y actúan en Ia base social tienen un ascendiente moral de persuasión que hacen innecesaria el uso de Ia fuerza.

Recomponer ese tejado social, fuerte, digno y respetado en su dignidad, es un imperativo ético que pesa sobre todos y allí pueden encontrar una hermosa motivación para realizar los jóvenes y personas idealistas que deseen hacer las cosas con los otros y no contra los otros. Tenemos el enorme desafío de construir ciudades humanas donde los legítimos proyectos personales o familiares no desplacen jamás a los necesarios proyectos colectivos. Necesitamos ciudadanos que amen a su barrio, a su país, a sus organizaciones. Y que el orgullo y dignidad de lo comunitario —reconocido formalmente por el Estado- haga imposible el predominio en ciertas circunstancias del caos o Ia fuerza bruta.

Al redactar estas líneas tuve el ferviente deseo de recordar a un conjunto de personas de esta ciudad que por su labor, sus méritos y su ejemplo, han sido muy importantes para ml. Sin embargo, son tantas y tantos que no es posible hacerlo aquí, sin abusar de Ia paciencia de todos y todas. Por ello he pensado que resulta justo nombrar solo a unas pocas,
• Don Roberto Ochoa, rector del Liceo de esta ciudad en los tiempos que estudié. Gran educador y eterno promotor de grandes ideales.
• El doctor Luis Sepúlveda Salvatierra medico
profundamente humano y especialista en todas las dolencias y
enfermedades. Lo vi llegar a mi casa a las 2 a las 4 a las 5 de Ia mañana a auxiliar a mi madre;
• El padre lgnacio Ortuzar y el pastor Rojas, cristianos ejemplares y amigos de todos y ejemplo de tolerancia para Ia comunidad entera;
• Después del liderazgo de mi hermano Patricio en esta zona fue Pedro Videla Riquelme eI quien con su extraordinario carisma y humanidad hizo Llegar las ideales del humanismo cristiano hasta los Últimos lugares de esta ciudad.
• Hugo Gálvez: en una oportunidad durante el gobierno militar siendo el Fiscal de Banco del Estado tome Ia defensa de una decena de empleados de esa institución arbitrariamente despedidos. Me dijo: yo jamás podré aceptar esta arbitrariedad; o los reintegran o renuncio a mi cargo. Fueron reintegrados.
• Silvia Cornejo de Letelier. Cristiana ejemplar consuelo de muchas personas. Me dio siempre apoyo incondicional en las grandes causas por Ia vida y Ia dignidad humana por las cuales luché.
• Don Oscar Aguayo. Dirigente sindical ferroviario de gran inteligencia y sabiduría. En los conflictos convencía a Ia autoridad de lo que era justo.
• Por años supimos de Ia bondad de un ser humano excepcional, siempre presente compartiendo sufrimientos. Todos 10 identificaban con el extraño nombre de “El Chileno”. Su verdadera identidad era Sergio Sepúlveda.
Reitero, al nombrar a los citados, recuerdos a muchos más.

Sobre mi dedicación a los Derechos Humanos, no ignoro que es este un aspecto de mi vida que en eI pasado pudo causar controversias. Sin embargo, esto ya hoy no puede ser así. La propia distinción que hoy se me otorga proveniente de un Organismo Público pluralista y representativo de todos los sectores de la sociedad. Los Derechos Humanos son, fuera de duda, el principal progreso ético de Ia Humanidad durante el siglo que recién termina y, además, un valor que une a todos los habitantes de Ia tierra.

Por otra parte lo que quiero destacar aquí es tan solo que mi conducta en estas materias tuvo siempre intima relación con los valores de tolerancia, respecto a Ia diversidad y a Ia dignidad de todo ser humano que siempre sentí presente en esta ciudad. Podían existir discrepancias, discusiones, pero jamás “enemigos”.

También en mi casa, me eduqué en un hogar donde un padre-juez jamás acepto el silencio de los jueces frente a Ia arbitrariedad. Y una madre que se indignaba ante Ia injusticia y nos instaba siempre a actuar contra ella.

Por otra parte, y esto siempre lo he dicho, fue en Ia Escuela de Infantería de San Bernardo donde por primera vez supe de Ia existencia de antiguas Convenciones Internacionales para las cuales el prisionero era un ser humano sagrado en su vida, integridad física y dignidad. La cita es pertinente pues Ia totalidad de las personas fusiladas en esta zona fueron primero convertidos en prisioneros.

También fue de las manos del Cura Párroco de San Bernardo don Ignacio Ortuzar de quien recibí 10 días después del golpe una copia del testamento espiritual del padre Juan Alsina redactado precisamente en Ia casa Parroquial de esta ciudad, horas antes de ser arrestado y después fusilado. Un testamento que constituía un impresionante Ilamado al amor a Dios y a los demás. Un Ilamado que surgía así desde el corazón espiritual de Ia ciudad.
Días después empecé a conocer trágicas realidades que afectaban a seres humanos precisamente de esta ciudad o de esta Provincia, a muchos de los cuales conocía personalmente, incluso los había visitado en sus casas. Fue así, en esta zona, donde comencé una larga lucha por Ia real vigencia de Ia vida y Ia dignidad humana. Una lucha que después se extendió a otros puntos del territorio nacional, generalmente a petición de Ia Vicaria de Ia Solidaridad. Lucha que me significo grandes dolores —a mi familia y a mi- pero también grandes satisfacciones espirituales. Lo digo con sinceridad: el dolor y Ia indignación moral que sentí aquí, en esta zona (San Bernardo, Paine, Buín) frente al profundo sufrimiento de seres humanos que conocía fue Io que me dio después fuerzas y experiencia para defender a centenares de seres humanos de otras zonas que desconocía absolutamente. Fueron los valores en que aquí me formé los que siempre iluminaron mi camino. Ello no obsta al ejemplo de seres humanos tan extraordinarios como fue el cardenal Raúl Silva Henríquez.

Agradezco especialmente en esta oportunidad a las victimas de Ia represión en esta zona y a sus familiares, muchos de los cuales depositaron su confianza en mí, desde el primer momento. Y de todos los cuales he recibido siempre un inmenso apoyo y cariño que me emociona. El crucifico que acompaña mi casa, confeccionado con pernos ferroviarios y por dolientes manos ferroviarias de esta ciudad es el más bello rostro del Cristo que comparte el dolor e ilumina caminos hacia donde Ia equidad florece y Ia violencia esta excluida absolutamente.

Termino reiterando mis profundos agradecimientos a Ia Municipalidad de San Bernardo. Y junto con ello a toda esta ciudad que al elegirme diputado en 5 oportunidades, siempre con impresionantes votaciones, me dieron Ia oportunidad y Ia autoridad moral para impulsar importantes obras de adelanto.
Por Ultimo, infinitas gracias a todos los aquí presentes que nos han acompañado con tanto cariño en esta tarde tan importante para mi y mi familia.
[+/-] Seguir Leyendo...