lunes, julio 13, 2009

SOBRE LA LEALTAD EN POLÍTICA. Andres Rojo

En momentos en que cunden las renuncias a los partidos por parte de quienes pretenden ser candidatos y no han sido proclamados por sus colectividades, es importante hacer algunos comentarios sobre la lealtad, cuya falta se acusa en quienes están tomando la decisión de renunciar.
Hay tres ámbitos en los que incide el valor de la lealtad en la actividad política. El primero, sin necesidad de ser el más importante, es en el plano del propio referente político, es decir el grupo al que se pertenece, el partido, movimiento o corriente y que tiene como fin principal la reciprocidad, es decir, se da apoyo al grupo para recibir apoyo del grupo.
En segundo término, la lealtad es con los principios. Ser parte de un partido político no significa renunciar a la capacidad de reflexión ni implica acomodar los propios principios a los que sostenga la colectividad a la que se pertenece. Parte de la democracia interna de los partidos supone que hay áreas en las que se pueden producir discrepancias y ello debe ser respetado por ambas partes sin que obligue a romper el vínculo entre ambas. Una situación distinta es cuando el militante o el partido han tenido una evolución en sus posturas que lleva a que la convivencia no sólo sea ingrata sino que pierda todo sentido, en la medida que los partidos son la suma de los individuos que comparten una misma visión de sociedad.Finalmente, la que es más importante para las personas que no forman parte de la subcultura de los partidos políticos: La lealtad con la verdad y con los electores. Esta es la que podría tener más relevancia a la hora de juzgar a quienes renuncian a un partido para competir como independientes. ¿Estás siendo leales con sus principios, han llegado a la conclusión que sus tiendas ya no son las mismas a las que entraron o que ellos mismos han cambiado sus opiniones; o simplemente han preferido el camino de la independencia al no recibir el apoyo que esperaban de sus partidos? ¿Estas personas desean ser candidatos para representar a la ciudadanía o están empeñados en una aventura para satisfacer sus legítimas ambiciones?
Lo que es claro, en todos los casos, es que no serán sus antiguos compañeros de partido los llamados a evaluar la salida de quienes han preferido la independencia a la militancia, sino los electores, los que aunque tengan que someter su juicio además a la difícil prueba del sistema electoral binominal sí pueden manifestar su rechazo a quienes no permiten el derecho a cambiar de opinión. A pesar de que es cierto que la mayoría de estas aventuras no han tenido éxito, es cierto también que en estos casos se producen suspicacias en las personas sobre las intenciones de unos y otros.
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